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25 + 2 años después del REBECA la situación sigue empeorando

España -   | Transporte XXI
Jesús Barbadillo, 'counsel' del Departamento de Transporte y Marítimo de Garrigues en Madrid.

Hace unos 2 años escribía sobre el Registro Especial de Canarias (REBECA) al cumplir sus 25 años y comentaba que, si bien había sido uno de los mayores éxitos de la política marítima española reciente por cuanto permitió que siguiera existiendo la flota mercante de pabellón nacional e incluso que aumentara la misma, en los últimos años se había venido observando una pérdida progresiva de su competitividad ya que había ido perdiendo buques controlados por empresas navieras españolas en favor de otros registros internacionales (sobre todo Malta y Madeira).

A día de hoy, la situación no solo no se ha solucionado sino que ha seguido empeorando. En efecto y, según datos de ANAVE, la flota controlada por armadores españoles creció más de un 26% en tonelaje en 2018 y, a la luz de la cartera de pedidos, se espera que, a finales de este año, alcance los 5 millones de GT, lo cual no ocurría desde 1986. Sin embargo, la flota inscrita en el REBECA ha bajado más de un 5% su tonelaje en 2018. Además, si se analizan los datos de los últimos 4 años, las conclusiones son parecidas. De hecho, es la primera vez desde 1995 que el REBECA baja del 50% en GT del total de la flota controlada.

Consideramos que el REBECA ha ido perdiendo competitividad frente a otros registros internacionales. Aun cuando sigue teniendo indudables ventajas (muy atractivos incentivos fiscales -incluyendo el Tonnage Tax- y sociales aprobados por la UE, seguridad social pública, lista blanca, no consideración de paraíso fiscal, acceso a los tráficos internacionales y al cabotaje en toda la UE, etc.), presenta igualmente obvias desventajas. Entre otras, cabe citar la excesiva rigidez de su legislación laboral, la muy escasa delegación en las sociedades de clasificación, los pocos medios humanos y materiales disponibles, y una inadecuada y rígida estructura administrativa. La actual dispersión de las competencias sobre los buques entre varios ministerios aconsejan la creación de un único y autónomo ente público que aglutine las citadas competencias y gestione ágil y eficazmente el REBECA.   

O España cambia su legislación en el sentido apuntado (lo cual no ha hecho en los últimos años) o nuestra flota se irá abanderando fuera cada vez más. Así conseguiremos probablemente que toda o la mayoría de nuestra flota controlada se registre en el REBECA. Aunque no tenemos tradición naviera, sí podemos tener una política marítima más adecuada.