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Trump cumple sus promesas

 | Cinco Días
Ramón Trénor Galindo (socio del dpto. Mercantil Nueva York)

Desde el pasado 20 de enero en que Donald Trump tomó posesión del cargo de presidente de los Estados Unidos de América, no hemos tenido un minuto de respiro.

El primer día de su actividad como máximo mandatario de EE UU, tomó la decisión de apartarlo del Trans Pacific Partnership (TPP), el tratado de libre comercio firmado por 12 países del área. Este hecho puede ahora, una semana después, parecer algo ya pasado de moda dada la frenética actividad desarrollada por el presidente Trump a través de órdenes ejecutivas, que suponen evitar la intervención de las Cámaras legislativas en determinadas decisiones.

En tan corto periodo de tiempo, ha decidido cuestiones tan dispares como la construcción de dos oleoductos que se encontraban paralizados por cuestiones medioambientales (eso sí, con acero americano, como él mismo apuntó), iniciar la renegociación del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), o una de sus propuestas estrella en campaña: la construcción de un nuevo muro en la frontera entre EE UU y México.

Nada de lo relatado debería suponer una sorpresa, pues todos estos puntos se encontraban en la lista de 100 medidas que anunció, de forma expresa, el presidente a finales de 2016. Quizá solo caben dos fuentes de asombro: una, la de aquellos que creían que todas las propuestas se moderarían cuando llegase al poder y, otra, la de aquellos que entendían que con cuatro (al menos) años de mandato por delante, las decisiones se adoptarían de forma más lenta y meditada.

Sin embargo, parece que Donald Trump ha querido demostrar, desde el primer momento, que va a cumplir sus promesas electorales, sin vacilar y de forma inmediata.

La primera víctima fue el TPP: un tratado con mucho más contenido que el puramente comercial, que se negoció durante ocho años por representantes de 12 países y que se firmó en febrero de 2016. La firma estaba sujeta a la ratificación por los organismos correspondientes de cada uno de aquellos, hasta alcanzar un número de países cuya suma de PIB representara el 85% del total de todos ellos. Es esta última circunstancia (la ratificación), que debería tener lugar antes de febrero de 2018, la que no se ha llegado a cumplir y ya parece que nunca más lo hará tras el abandono del tratado por EE UU.

Ante el anuncio de las 100 medidas por parte de Trump, alguno de los países firmantes aceleraron la ratificación en una posible maniobra para presionarle a abandonar este punto de su programa. Así, Japón, el viernes, 20, ratificaba el tratado el mismo día que Trump era investido presidente.

Intentar describir las consecuencias de la desaparición de algo que nunca ha llegado a existir supone jugar en el campo de la especulación. Es cierto que casi la totalidad de las 12 naciones firmantes se van a ver obligadas a reconsiderar sus previsiones de crecimiento para los próximos años. De todos modos, haciendo un repaso de las opiniones que se han venido publicando ante la previsión de que esto llegara a suceder, no todas son coincidentes. De hecho, el FMI parece restar importancia al efecto que pueda tener sobre los países latinoamericanos firmantes del acuerdo, más allá de la corrección de sus previsiones en el corto y medio plazo.

Sin embargo, otras fuentes señalan a México como el gran perjudicado, no solo por esta cuestión, sino también por la anunciada renegociación del Nafta y la construcción del ya famoso muro. La economía mexicana se va a ver duramente golpeada por este cúmulo de circunstancias. Parece que la opinión mayoritaria es que Chile y Perú no se verán tan afectados.

En cuanto al propio EE UU, es difícil determinar la magnitud y sentido de las consecuencias en su economía. Lo que sí que nos dice la historia de forma muy clara es que las políticas proteccionistas son perjudiciales para el país que las aplica, más allá del corto plazo.

Sin la capacidad de cuantificarla de forma exacta, la gran verdad es que estas 12 naciones pierden la posibilidad de optar a un marco económico y comercial que podría haber sido muy ventajoso.

Lo que vaya a suceder a partir de ahora en el ámbito político y económico en la zona del océano Pacífico entra en el ámbito de la especulación, pero hay tres posibilidades que parecen estar en la mente de casi todos.

En primer lugar, tal como ya ha anunciado el ministro de Economía australiano, alguno de los firmantes están pensando en un TPP menos uno. Lo que no parece sencillo en absoluto porque va a obligar a renegociar muchos aspectos de un tratado que se tardó ocho años en redactar, abriendo un nuevo capítulo de incertidumbres, dado el gran número de aspectos que no puedan tener sentido sin la presencia de EE UU.

Una segunda posibilidad es la apertura de negociaciones de tratados bilaterales entre los diferentes actores. Solución esta mucho más débil y menos ambiciosa que un acuerdo que aglutinaba el 40% del comercio mundial.

En tercer lugar, hay que hablar de una realidad: China pasa a ser un referente principal en el área, tras el paso atrás de EE UU. De hecho, la República Popular ya se encuentra negociando con Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda e India el llamado Regional Comprehensive Economic Partnership al que no sería descabellado pensar que den acceso a otros países.

Nos movemos, pues, en un ambiente de incertidumbres y diferentes posibilidades que dejan muchos interrogantes abiertos. Por lo que de manera indirecta pueda afectar a Europa y concretamente a España, Trump ha decidido cumplir sus promesas y hacerlo rápido y, si alguien todavía pensaba que cabía la recuperación del Transatlantic Trade and Investmet Partnership (TTIP), sus recientes actuaciones parece que lo dejan en vía muerta.