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Un jurista excepcional

07/05/2014
Artículos de profesionales

Manuel Jiménez de Parga, con todas sus virtudes y características a cuestas, ha sido ante todo un jurista excepcional. Un hombre con opiniones firmes, fuertes, incluso dogmáticas, que gustaba de expresar con claridad, sin reserva alguna.

 

Antonio Garrigues Walker
Expansión

Tiene un currículum vitae impresionante, tanto en la vida pública como en la privada. Ha sido abogado, catedrático, Decano, Rector, Ministro, Embajador, Consejero de Estado y durante tres años difíciles y complicados Presidente del Tribunal Constitucional. Ha vivido pues, su vida plenamente, con intensidad, con fuerza. Se podrá discrepar con templanza o incluso radicalmente de algunas de sus posiciones políticas o doctrinales pero el elogio a su esfuerzo, a su calidad jurídica y a su amor por su país tiene que ser un elogio profundo, un elogio con agradecimiento.

Yo tuve la oportunidad de seguirle a lo largo de sus actividades y he sido consciente de cómo ha luchado y de cómo ha defendido y difundido sus creencias y me alegra ahora poder asegurarle que cumplió su tarea. De sus muchos libros (entre ellos “Las monarquías europeas en el horizonte español”. “¿Hay que reinventar la democracia en España?”, “¿Qué es la democracia?”) yo destaco su “teoría y realidad constitucional contemporáneas” por su valentía intelectual y su profundidad de conceptos.

Era sin duda un hombre especialmente conservador en la mayoría de los temas políticos y con unas creencias religiosas que a veces le llevaban a la agresividad intelectual. Su especial oposición a “las nacionalidades históricas” y el federalismo le generaron críticas y rechazo que él asumió sin resentirse ni moderarse.

Doy por seguro que descansará en paz.

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