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Hacia dónde va la inversión japonesa en el exterior

08/11/2014
Artículos de profesionales

Según la UNCTAD, Japón es el séptimo mayor inversor mundial en términos acumulados. Las inversiones japonesas en el exterior han sido constantes y diversificadas territorialmente a lo largo de los últimos años, con independencia de la situación económica del país; no obstante, según los datos de Japan External Trade Organization (JETRO), España no se encuentra entre los treinta destinos principales de las empresas japonesas.

Lluís Esquerra Resa
La Vanguardia

Según los datos del Registro de Inversiones Exteriores Japón se situaría en el puesto decimocuarto en el listado de países que invierten en España, con importante concentración en Catalunya. No cabe duda de que existe un amplio margen de mejora en el contexto del potencial de relación entre ambos países.

No obstante, para evaluar la capacidad y las expectativas de mantenimiento o de crecimiento de las inversiones productivas japonesas en nuestro país hay que atender a las tendencias apuntadas por las propias empresas japonesas.

Países preferidos por las empresas japonesas que invierten en el exterior

Durante 2013, el Japan Bank for International Cooperation (JBIC) llevó a cabo un estudio para conocer las tendencias acerca de la inversión japonesa en el extranjero durante 2014. El estudio se basaba en las respuestas facilitadas por 625 grandes empresas japonesas manufactureras, con presencia en el exterior y de una diversidad de sectores, a la pregunta de qué cinco países creían que ofrecían perspectivas más prometedoras para operaciones empresariales a medio plazo.

Las preferencias manifestadas por las empresas japonesas vienen motivadas por una diversidad de factores, tales como el potencial de crecimiento futuro, el tamaño del mercado local, el aprovisionamiento de suministros, la concentración de la industria, la posibilidad de servir de base para exportar a terceros países, o el bajo coste de la mano de obra.

Por otro lado, del estudio se deduce que los factores que influyen negativamente a la hora de evaluar el potencial de un determinado país se basan en elementos tales como la falta de desarrollo de las infraestructuras (sistemas de comunicación terrestre deficientes, interrupciones en el suministro energético), el aumento de los costes laborales, la falta de claridad del sistema jurídico, la insuficiente protección de los derechos de propiedad intangible, o la inestabilidad e inseguridad social.

Como resultado de todo la encuesta, la primera posición en las preferencias de las empresas japonesas la ocupa Indonesia, seguida de India, Tailandia, China y Vietnam. El primer país no asiático de la clasificación lo ocupa Brasil, en sexto lugar, seguido de México. Rusia ocupa el noveno puesto y EE.UU. el décimo, mientras Turquía aparece en el decimocuarto puesto.

El único país de la Unión Europea mencionado en la encuesta es Alemania, en un agónico décimo octavo puesto, e inmediatamente por encima de Sudáfrica, único país citado del continente africano. El resto de países hasta el total de veinte que no han sido citados en este artículo pertenece en su integridad a Asia (Myanmar, Filipinas, Malasia, Corea, Taiwán, Singapur, Camboya y Laos). De este modo, la Unión Europea y África son regiones actualmente preteridas en las preferencias de las empresas japonesas manufactureras que invierten en el exterior.

Tendencias en la inversión exterior japonesa

Además de las tendencias en materia de destino geográfico de las inversiones, debe prestarse atención a determinados cambios en la orientación estratégica de las inversiones: el profesor Yoshiya Teramoto señala como grandes tendencias de la inversión japonesa en el exterior las siguientes:

En primer lugar el aumento de las ventas a clientes no japoneses: frente a la orientación de la inversión exterior hacia un negocio BTB (ventas a otras compañías manufactureras japonesas), hay una tendencia a buscar las ventas hacia el cliente o consumidor final, fijando como objetivo las crecientes clases medias de los mercados en desarrollo.

En segundo lugar apunta hacia un incremento de la descentralización y autonomía de las filiales en el exterior: frente a la tradicional toma de decisiones casi exclusivamente en Tokio, existe una creciente transferencia de funciones hacia las sedes en otros países, tanto en materia de gestión como de producción y de nuevos productos.

Por último señala el mayor interés en la gestión de los recursos humanos, que se traduce en emplear de manera eficiente el potencial de los trabajadores locales de los países donde invierten.

Qué cabe esperar

No cabe duda de que la Unión Europea en su conjunto, incluyendo nuestro país, ha perdido atractivo para la nueva inversión japonesa manufacturera directa en el exterior en los próximos años, ya que no responde a los requisitos apuntados por las propias empresas japonesas. No obstante existen posibilidades y oportunidades de potenciar la relación en términos económicos entre ambos países, basadas en los intercambios comerciales directos, la potenciación de las implantaciones industriales actualmente existentes mediante el aumento de su capacidad y el aprovechamiento de las mejoras competitivas necesarias, el aumento de su peso específico en la toma de decisiones autónomas, la potenciación del atractivo para sectores no manufactureros, como determinados servicios basados en la tecnología y, en la medida aplicable, la cooperación empresarial en terrenos en que las empresas locales pueden aportar experiencia, tales como los mercados de América Latina.

 

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